Para dimensionar la labor de esta multinacional no queda otra que recurrir a algunas cifras: fundada en 1965 por el arquitecto Art Gensler, esta firma ha logrado crecer al punto que hoy emplea a más de dos mil profesionales en 32 oficinas de Estados Unidos, Centro América, Europa, Medio Oriente y Asia, donde levantarán el segundo rascacielos más alto del mundo. Tom Ito y Kapil Malik, socios de la sede de Los Angeles, estuvieron en Chile y dieron algunas pistas de cómo se practica la arquitectura sin fronteras. Texto, Mireya Díaz Soto, retrato , Viviana Morales En Gensler pueden diseñar desde la etiqueta de una botella de vino hasta el rascacielos más alto de Asia. Arquitectura, diseño de marca y de producto, consultoría, relaciones globales, interiorismo, planificación urbana y sustentabilidad figuran en la lista de los "servicios" que ofrecen, destinados a otra larga enumeración de mercados que abarcan... casi todo, en cualquier parte del planeta. Esto simplemente se trata de diseño.
Y cómo lo hacen. Dos de los socios de la compañía, los arquitectos Tom Ito y Kapil Malik, cuentan algunas de las claves en uno de los viajes que están realizando a nuestro país, mientras preparan su propuesta -junto a los chilenos del estudio BL Arquitectos, Klaus Benkel y Pablo Larraín- para un concurso de arquitectura local. Bueno, estos viajes son parte de uno de los métodos que ellos catalogan como de los más importantes: investigación. Dejan exhaustos a sus clientes con los interrogatorios a los que los someten para recabar el máximo de información y recién entonces sentarse a pensar en el proyecto. Es la base sin la cual no podrían dedicarse a este negocio en el que los límites parecen no existir. Cada año, Gensler desarrolla alrededor de tres mil encargos, para clientes que están entre las diez compañías más grandes del globo o las nueve de diez más rentables de EE.UU., y que les significan ingresos anuales por más de US$600 millones.
Tom y Kapil explican lo que hay detrás de todos estos mega conceptos, y al parecer es más simple de lo que uno se imagina. En realidad saben procesar información. "La investigación que hacemos es vasta. Desde entender las necesidades de nuestros clientes y cómo operan sus negocios hasta averiguar de la gente, la cultura, los colores, las texturas, la música, los ritmos... Nosotros vivimos el lugar antes de empezar a trabajar en el proyecto. La contextualización es extremadamente importante, que el edificio responda a su entorno y a su gente. Por eso también es fundamental escoger la oficina local apropiada", explica Kapil.
Innovación, tecnología y sustentabilidad
Hay firmas de arquitectos que son reconocibles a primera vista en sus proyectos, constituyendo esto -la mayoría de las veces- un valor para la obra o para la trayectoria del autor. Lo más probable es que un edificio de Gensler no se identifique tan fácil sobre todo porque sus directivos tienen otras ideas metidas en la cabeza. Ideas como el "éxito de sus clientes", que a fin de cuentas es su éxito también, y que para ellos se obtiene cuando sus obras cumplen con los parámetros de "diseño de alta calidad o de clase mundial" que han establecido.
Uno de esos parámetros es la innovación, que los hace estar alertas a las demandas del futuro. "Por ejemplo, a raíz de la situación económica mundial, la mente de los consumidores ha cambiado y eso generó una nueva sensibilidad. La gente está más conciente y eso tiene un efecto en cómo diseñamos el futuro. Otro ejemplo. Haber estudiado mucho cómo trabajan las personas nos ha permitido saber qué modelos de lugares de trabajo conducen a la eficiencia y a la productividad", explica Tom. Ambos reconocen que la innovación puede provenir del espacio, de los materiales, de las vistas, del entorno natural, de los desafíos e incluso de los mismos clientes. La tecnología, en tanto, es otra influencia trascendental, muy ligada a la sustentabilidad.
"Los edificios son máquinas vivientes, así es que los diseñamos saludables, sustentables, analizamos sus comportamientos, su piel...", comentan. A estas alturas, la filosofía Gensler ya no concibe un edificio que al menos no reduzca emisiones de carbono. Casi mil de los profesionales de la compañía cuentan con la acreditación LEED, la más universal en materia de construcción ecológica, y en 2005 el Green Building Council de EE.UU. les otorgó elPremio Leadership for Organizational Excellence.
La organización en las distintas oficinas se da en pequeños equipos de trabajo, según su especialización. Esta división es también física, y les asegura la cercanía con los clientes. "Si nos contratas nunca sentirás el temor de enfrentarte a ¡dos mil cuatrocientos arquitectos!", bromean. La tarea grupal para ellos tiene el valor de la colaboración y permite que se dé lo que ellos llaman "tensión creativa". "Cuando los profesionales sacan sus emociones, surgen las mejores soluciones. La intensidad es buena cuando se apasionan con un proyecto", enfatizan.
Mensajes como éstos transmiten a los arquitectos jóvenes -muchos inscritos en sus programas de prácticas. "Cuando llegan están como perdidos en un bosque, por eso es responsabilidad nuestra enseñarles que la arquitectura es un negocio de paciencia, un proceso a través del cual se construye una realidad", dice Kapil y Tom agrega: "Ellos tienen ides nuevas y frescas, soluciones distintas a las que nosotros llegábamos en el pasado. Los arquitectos jóvenes no se dan cuenta de la fuerza que tienen y de la cual nosotros también aprendemos. Es un entrenamiento mutuo; ellos nos van a reemplazar en algún momento, y delegar es parte también del proceso arquitectónico".


















